Si pues, fue una experiencia muy esclarecedora, en el sentido de que soy más consciente de mi responsabilidad como persona privilegiada para con las personas que no gozan de estas oportunidades que me han tocado vivir, sé que tengo que hacer algo por estas personas que no decidieron llevar una vida así, sé que tengo muchos dones y que no me los puedo guardar para mi gloria sino que los tengo que poner al servicio de los demás, y también descubrí que el ayudar a otro me llena bastante el espíritu y es un enriquecedor estilo de vida con mucho sentido y valor.
Pude presenciar frente a frente la injusticia, porque un día por la noche, llegó al sitio donde nos hospedábamos una niñita de Janchis que se llamaba Nativa, estaba congelada, con hambre, con gripe y desprotegida, me acerqué a ella, le hablé y le presté una chompa, le dije para llevarla a su casa y no respondió, salimos, paramos en una posta y le pedí a la enfermera pastillas para su gripe, seguimos, me llevó a una dirección que se suponía era su casa pero no había nadie, le preguntamos donde quedaba su casa a unos vecinos y me dijeron que Cecilia (su madre) vivía más arriba, por los márgenes del pueblo, seguimos, todavía no comprendía que no quería ir a su casa, paramos en una casa donde se encontraban dos señoras borrachas, una mayor y más serena, acompañada por otra menor e iracunda, les pregunté por Cecilia y me dijeron que se había ido a cuidar sus vacas, la más joven vio a Nativa, se sorprendió y molesta, salió, se puso detrás de la niña y le comenzó a gritar empujándola con fuerza adentro de la casa: !Entra carajo, te voy a sacar la mierda! y otras palabras en quechua que no entendía.
Nativa se hacía la loca, se sacaba los zapatos y ahí comprendí que no quería entrar, le pregunté si quería entrar y no respondió por miedo a las consecuencias de su respuesta, la señora furiosa al ver que no entraba, la agarró y la comenzó a empujar a la casa, la agarré de una de sus piernas y la comencé a jalar para afuera, Nativa explotó en llanto, la jaloneamos como 30 segundos, mientras tanto me puse a pensar qué iba a hacer después que la liberara, nos íbamos en dos días, me puse a pensar en el por qué de la actitud de la señora y supuse que debió haber pasado por los mismos abusos, al igual que su madre y su abuela, reconocí que me estaba enfrentando con caca de hace medio milenio, 500 años de olvido, explotación, abuso, mala educación y miles de problemas más que la población andina había padecido, no me quedó otra que soltarla, la mujer la lanzó a una esquina, me puse a discutir con la mayor, a rogarle que no le hicieran daño, pero no entendían, reconocí que estaba hablando con una pared y no me quedó más que decirles ratukama y largarme.No me sentía bien comer, reír y estar abrigado mientras Nativa sufría sin nadie en el mundo que la quiera, desprotegida y con una vida sin significado para alguien. Me hizo reflexionar en las incoherencias en el mundo y el país y me hizo cuestionarme el estilo de vida que quiero llevar, todavía no estoy muy seguro, pero poco a poco se irá revelando.
Trabajamos como mulas, pero solo avanzamos poco, el grupo excelente y todo muy bien, solo que nos cayó mal una comida y caímos como 8 personas incluido Marvin. Bueno ya no te aburro más, estamos escribiéndonos, cuidakunki ratukama Benja
Fernando Oliveri
Colegio de la Inmaculada
(de un mensaje dirigido al P. Benjamín Crespo)








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